Muy  Bastas

Y aun así los sueños prevalecen

Su Campaña Fernandez

Hace 25 años, yo era una niña de unos 8 años que vivía en la profunda vega andaluza sin más conflictos en mi vida que amanecer un día tras otro entre juegos, cariño y alguna que otra cosilla. Todo parecía ir muy bien por aquellas tierras, por los menos yo no tengo el recuerdo de que la gente tuviera unas inquietudes concretas. Parecía no importarles que el señorito se hubiera apropiado de las tierras que un día fueran del pueblo, “qué se le va a hacer, por lo menos nos dan trabajo …”, parecía no importarles que durante horas se quedaran sin agua para beber porque había que regar los campos de golf de esos mismos señoritos que nos habían quitado las tierras, pero claro, “lo primero es lo primero”, parecía no importar que habían salido de 50 años de franquismo con todo lo que eso conllevaba, sin darse cuenta que aún es el día en el que aún no han salido de esos 50 años. Parecía no importar nada por aquella época, tan sólo, parecía haber un tremendo y horripilante problema mundial, la ETA.

En mi pequeño pueblo andaluz, jamás hubo un atentado, una extorsión, un ligero aroma a terrorismo, en cambio, ha habido corrupción, hambre, miseria, paro,…, pero si preguntabas cuál era lo que más preocupaba a la gente del pueblo, la mayoría contestaban, “el terrorismo, por supuesto”.

Yo, que siempre fui una niña un tanto rara, me quedaba mirándolos fijamente con mis ojos redondos como platos entre sorprendida y alarmada, y me decía para mis adentros “no entiendo nada, ¿ qué terrorismo?”.

En mi pueblo, para mí andaluz, pero para la mayoría, español, había un miedo impuesto por todo lo vasco que estaba fuera de toda lógica. No había día que no hubiera noticias sobre el conflicto vasco, que bueno, no creo que se le llamara así en los medios de comunicación, me imagino que esto es un término que he ido adquiriendo con mis años de contacto con el pueblo vasco. La cuestión es que la gente sentía miedo y yo, con mis escasos 8 años, no podía entender ese miedo si a nosotros no nos tocaba en absoluto, yo, tan sólo sabía que si la organización armada daba un comunicado o algo pasaba, sentía tal fascinación que tampoco me era fácil de comprender, pero era normal, era una niña ajena a toda la situación. Pero fueron pasando los años, y en mi cabeza, en mis entrañas, todo empezaba a tomar forma, y seguía sin comprender muchas cosas, pero entendía que nadie coge las armas por nada, que nadie abandona a su familia y amigos por nada, que nadie quiere confinarse en muros de miseria y terror por nada, que ningún pueblo lucha por unas ideas si éstas son nada. Y empecé a sentir que parte de mis venas estaban regadas por sangre vasca, e incluso mi nariz me delataba, y empecé a soñar con Euskal Herria como parte de mi vida, y mis sueños, esos que prevalecen para hacerse realidad se empezaron a dirigir hacia estas tierras de verdes montañas, cielos encapotados y llovizna eterna que mantiene los corazones de sus gentes húmedos de esperanza y porvenir.

Y con tan sólo 20 años, conseguí mis sueños cumplir. Y aquí sigo, en el que considero mi pueblo, el que me ha acogido con sus brazos de roble y haya, el que me ha enseñado que la tenacidad mueve sus propias montañas, el que tiene como bandera solidaridad, lucha y su necesaria dosis de soberbia, el que no se rinde a pesar de las ostias españolas, el que tanto me ha dado, al que tanto le debo.

Hace 25 años, todo aquello nos parecía una locura, pero nuestros sueños estaban vivos y no se dejó de pelear por ellos ni un minuto, cada un@ desde su sitio, con armas, sin ellas, con palabras, con pancartas, con corazones gritando al unísono, con todas vuestras manos, con las mías que os buscaban en la lejanía y que al fin os alcanzaría…

Han pasado 25 años, y muchos más, y cuando todo parece que puede tener un final, porque ya está bien de tanto sufrimiento, porque ya es la hora de vivir como pueblo en libertad, porque os he llegado a comprender y amar tanto, de repente, vienen estos demonios de mi pueblo, los mismos que defendieron al señorito que nos robó las tierras y se llevan a mis amigos lejos de sus casas, para también robarnos este pedacito de verde esperanza que es Euskal Herria. Y lo único que nos queda es no volver a caer en sus garras, en sus propósitos malignos e irracionales que nos tienen preparados, por eso, cuando ocurren cosas así, cuando se llevan a 18 personas por la fuerza, me importa una mierda, si son inocentes o culpables ¿¿¿ de que????,   lo único que quiero es seguir aquí, sabiendo que una vez más no nos van a ganar, que a pesar de sus miserias, de sus sucias argucias, de sus torturas, de su propia basura, nosotros tenemos sueños, y estos, a pesar de todo, prevalecen, y estoy segura, que los vamos a hacer realidad.

PD. Hoy no me importó ser española para renegar de serlo. Ningún pueblo debería imponerse a otro, por favor, dejarnos vivir en paz.

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